El ordinario caso de una drástica mejoría de la salud después de un cambio dietario

Los medios de comunicación de masas lo han presentado como “el extraordinario caso de una persona que venció un cáncer simplemente cambiando su dieta” , como si se tratara de una rareza de la naturaleza, como si fuera “el caso del hombre elefante”. Muchos sabemos que es mucho más común que todo esto porque un cambio nutricional drástico puede conseguir revertir enfermedades consideradas “incurables” si se realiza con seriedad y se mantiene el buen estado de ánimo espiritual durante el proceso.

Este hombre, Allan Taylor, un ingeniero retirado de 78 años, diagnosticado en Abril del 2012 de un cáncer de cólon considerado por sus médicos alópatas como “incurable” y que se extendió a su intestino,  y no podía ser tratado, en Agosto del 2012 estaba completamente curado habiendo eliminado de su dieta la carne roja y los productos lácteos y comiendo en su lugar 10 piezas de fruta y verdura al día.

La clave de su curación, además de buscar por sí mismo en internet ideas para adoptar un cambio en su vida nutricional, sin duda está en que Allan decidió desde el primer momento mantener una actitud positiva y encontrar por sí mismo la solución.

Allan

 

Arriba: una imagen de Allan Taylor con algunos de los complementos nutricionales que decidió incorporar a su nueva dieta.

ALGUNOS COMENTARIOS

esto de la mejoria en la salud es algo palpable y está al alcance de la mano de cualquiera que esté informado y convencido de que la biología del el ser humano no puede albergar animales (esto o dijo Leonardo Davinci que era vegetariano). En mi experiencia como muchos que nos inclinamos por lo alternativo me gusta probar con mi propio cuerpo; te comento que fue gracias a un muy atinado post que hiciste a principio de este año sobre la limpieza del sistema digestivo decidí entonces poner en práctica el vegeterianismo y al cabo de 1 mes de haberlo hecho desapareció por completo mi problema de nervio siático que me tenia ya resignado a vivir con ese cortante dolor despues de 2 años de sufrirlo. aprovecho para agradecerte y darte bendiciones por tan valiosa y sobre todo util infomación que nos has proporcionado.

Actualmente sigo son ese estilo de vida Vegetariano junto con mi esposa que se me unió, mis tres hijos están todavia en proceso ya que son de 13 , 12 y 8 años, aprovechamos que nosotros somos los que decidimos que se va comer cada día así que solo una vez en la semana les preparamos “su carne” y así se han hido acostumbrando

un abrazo sincero.

Carlos Luna

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Los excesos en las mesas pantagruélicas, principalmente en la alimentación carnívora, cuando demuestran la irresponsabilidad del espíritu humano para con su propia felicidad, son corregidos con la terapéutica de las admirables válvulas de seguridad espiritual, que funcionan bajo la terminología clásica de la ciencia médica, con las sugestivas denominaciones de úlceras, cánceres, cirrosis, nefritis, enterocolitis y llagas, incluyendo la creación de condiciones favorables para el “hábitat” de las amebas coli o histolíticas, estrongiloides, tenias o inquietos protozoarios de formas exóticas. Bajo la acción de ese recurso de la naturaleza, se van acentuando, entonces, los cambios exigibles a la entidad espiritual encarnada, y la compulsoria frugalidad va actuando para la transformación exhaustiva pero concretizable del animal, en la figura del ángel. Las excrecencias anómalas y mórbidas que se diseminan por el cuerpo físico, funcionan en la prodigalidad de señales de advertencia que regulan armónicamente el trabajo digestivo. Ellas obligan a dietas espartanas o a sustituciones por nutriciones más delicadas, al mismo tiempo que se rectifican impulsos de glotonería y llevan a cabo funciones que purifican el astral ambiental y en la intimidad de la tesitura etérica. ¡Cuántas veces el obstinado carnívoro se somete a rigurosa abstinencia de la carne, debido a la úlcera gástrica que surge para obligarlo a ajustarse a una nutrición más sana! Nuestra medicina considera que el hombre gordo, obeso, hipertenso, es un candidato a la angina y a la conmoción cerebral; lo clasifica como un tipo hiperalbuminoideo portador de peligrosa disfunción cardio-hepato-renal. La terapéutica más aconsejable, consiste en un régimen de alimentación hiposódico y la dieta reductora de peso; se le suministra una alimentación exenta de grasas y predominantemente vegetal, aludiendo el médico al peligro de la nefritis, al grave disturbio en el metabolismo de las grasas y a la indefectible esteatosis hepática. ¡Creeo que si los antiguos indios antropófagos conociesen algo de la medicina moderna y pudiesen comprender la naturaleza mórbida del obeso y su probable disfunción orgánica, en modo alguno permitiría que sus tribus devorasen los prisioneros excesivamente gordos! Comprenderían que eso les causaría enfermedades molestas en vez de salud, vigor y coraje que buscaban al devorar al prisionero en aparente régimen de ceba.
Pero el hombre del siglo XXI, aunque reconozca la enfermedad que proporcionan las grasas, devora los cerdos obesos, hipertrofiados por la gordura albuminosa, con tal de conseguir la prodigalidad de la manteca y del tocino: primero, los enferma en inmundo chiquero, donde las larvas, bacilos y microorganismos propios de los charcos, fermentan las sustancias que alimentan los oxiuros, lombrices, tenias, amebas colis o histolíticas. El infeliz animal, sometido a la nutrición putrefacta de las lavazas y de los detritos, se renueva en sus propias deyecciones y exuda la peor cuota de olor nauseabundo, convirtiéndose en un transformador vivo de inmundicias, con el fin de acumular la detestable gordura que debe servirse luego en las mesas fúnebres. Exhausto, obeso, letárgico y sudoroso, el puerco cae al suelo con las grasas hartas y queda sumergido en el lodo nauseabundo; es una masa viva de urea gelatinosa, que solamente puede ser levantada con ayuda, para la hora del sacrificio en el matadero. ¡De qué vale, pues, el convencional beneplácito de “sano” con el cual cree cumplir el veterinario en su autoriza¬ción para el corte del animal, cuando la ciencia humana permitió previamente él máximun de condiciones patogénicas!
En modo alguno nos podrá librar la tétrica “profilaxis” antibiótica, de la secuencia acostumbrada a la que somos sometidos implacablemente; continuaremos siendo devorados, del mismo modo, por la cirrosis, la colitis, la úlcera, la tenia, el infarto, la nefritis o las artropatías; nos cubriremos, también, de eczemas, urticarias, pénfigo, llagas o costras sebáceas; continuaremos, indudablemente, bajo el guante de la ictericia, de la gota, de la jaqueca y de las infecciones desconocidas; cada día, enriqueceremos más los cuadros de la patogenia médica, que serán clasificados como “casos brillantes”, en la esfera principal de los síndromes alérgicos.

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Muy buena noticia, me alegra que le des cancha a este tipo de noticias, No obstante, la vida sana yo creo que es un compendio de muchas cosas. Una de las más importantes es la alimentación física, claro, es decir, cómo vamos a nutrir nuestra vestimenta corpórea necesaria para movernos por esta realidad tridimensional. Es importante, por ello, no comer carne (que no deja de ser, como carne muerta que es, carne en proceso de putrefacción), pero no solo por lo negativo de sus componentes (es decir, cómo se alimentan a los animales y por tanto las secuelas físicas que ello desencadena en nuestro cuerpo físico) puesto que también resulta negativo alimentarse de tomates o lechugas infestadas de pesticidas y demás química artificial. Lo que quiero decir es que la carne lleva impregnada una carga negativa que proviene del momento previo del animal. Las terneras, las vacas, los cerdos… saben que van a ser asesinados y eso les provoca miedo, terror, odio, sufrimiento… que queda adherido al cuerpo sutil de la carne y que luego, el ser humano, introduce en su cuerpo, generando un sinfín de efectos negativos en nuestras capas etéricas o sutiles.Esto lleva también a reconocer que tenemos un cuerpo mental que también “alimentar” con cuidado, despojándonos de “basura nutritiva”. Es decir, alimentemos nuestro intelecto con buenas lecturas, buenas películas o programas televisivos, buenas conversaciones, meditaciones, oraciones (sin carga religiosa)…Y a su vez, también tenemos que reconocer la importancia de una buena vibración emocional (cuerpo astral), haciendo el bien, sintiéndose en paz con uno mismo, viviendo la felicidad de los demás como la de uno mismo, no envidiando al vecino, disfrutando de lo dado, sin hacer sufrir a los demás seres (humanos o animales).Estos tres cuerpos (físico, mental, astral) es bueno “alimentarlos” lo mejor posible, desechando lo pernicioso o tóxico. Por eso, además de la calidad alimentaria para su cuerpo físico, este anciano tomó otro tipo de actitud decisiva para su mente, tener una actitud positiva. La combinación de estos tres elementos tiene resultados fabulosos.

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